TODA LA HUMANIDAD DEBE CONVERTIRSE A JEHOVÁ DIOS, QUIEN MORA EN SU PROFETA JONÁS....

10.06.2013

Ley - Fe - Gracia, La confusión

LEY - FE - GRACIA - LA GRAN CONFUSIÓN

Paz del Señor sea con todos vosotros:

Ley – Fe – Gracia, la gran confusión de los creyentes en Dios y en Cristo Jesús; antes del desarrollo del tema, es necesario abordar algunos conceptos básicos sobre Ley, Fe y Gracia, que permitirán aclarar la confusión existente.

Ley: en la sociedad, una ley es una norma o un conjunto de reglas establecidas por una autoridad, para su fiel cumplimiento; la constitución de una República debe ser cumplida por todos los integrantes de la nación, desde el presidente hasta el más pequeño; es una ley aprobada por el Pueblo.
Ley religiosa de los hombres: son aquellas normas o tradiciones de orden religioso que los hombres han creado, para que por medio de sus enseñanzas, éstas sean cumplidas por sus seguidores, esperanzados en alcanzar la vida eterna o la salvación, según sus metas. Toda norma diferente a lo determinado en la Sagrada Escritura se convierte en una tradición de hombres. Marcos 7:9. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.
Ley del Pecado: es aquella ley inducida tetra dimensionalmente en todo ser humano por el gobernador espiritual de este planeta, Lucifer; esta ley vive y habita dentro del ser humano. 1 Jn. 3:8. El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Estos gobernadores espirituales de maldad, son los que han inducido al hombre a crear sus leyes religiosas (Ef. 6:12), para que se aparten del camino de Dios, pues tienen el poder para actuar por medio de los seres humanos, debido a que los gobiernan. La Ley del Pecado es una legión de espíritus de maldad dirigidos por Lucifer.  
Ley de Dios: es una Ley eterna creada por Dios, para que todos los hombres la cumplan, con el objeto de que vivan en paz, en armonía, en igualdad social, dentro de un marco de respeto mutuo, de una manera justa y buena, mientras se vive en la tierra; y, con la certeza de que el alma alcanzará la salvación o la vida eterna; Dios entregó sus leyes a Moisés y ésta es conocida como la Torá, la Ley de Dios o la Ley de Moisés.

¿Dónde están las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés? ¿La Ley de Dios son las dos tablas con los números romanos que presentan los judíos? ¿Quién las tiene?, las escondieron para que el hombre no conozca la ordenanza de Dios, por eso Dios tenía que volverlas a traer para que el mundo las conozca y las ponga por obra (Dt. 17:18. Is. 51:4) Eclesiastés 12:13. El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. ¿Porque los hombres aborrecen a la Ley de Dios, si ni siquiera la conocen y peor aún, ni siquiera la han visto?.

Tanto las leyes de las naciones como las leyes religiosas de los hombres se adaptan a la modernización de la sociedad y son aprobadas por sus integrantes, mientras que la Ley de Dios es eterna y no puede ser cambiada por nadie. Mateo 5:18. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.

Por otro lado, el hombre no está preparado para discutir sobre la vigencia o no de la Ley de Dios, pues si anhela la vida eterna, el único camino que tiene es su obediencia (Lc. 16:22 a 31). Salmos 33:10. Jehová hace nulo el consejo de las gentes y frustra las maquinaciones de los pueblos. Esta ley está vigente para todo ser humano, creyentes y no creyentes; y, la ignorancia por el desconocimiento de la Ley no los exime de culpa, ojo por ojo, diente por diente (Lv. 24:20. Mt. 5:38), así se paga el pecado.

Fe en la sociedad significa: creer en algo o en alguien; normalmente se dice: “Yo tengo fe de que las cosas van a salir bien”.
La fe según las religiones: es creer en Dios y en Jesús; “yo soy salvo porque creo en Jesús”, “Yo tengo fe en Jesús”, etc.
La fe de Dios: no procede del hombre, sino es un don que Dios da a los que cumplen sus mandamientos. Efesios 2:8. Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. 1 Corintios 12:4. Empero hay repartimiento de dones; mas el mismo Espíritu es. La fe es el Espíritu de Dios y ellos obedecen a Dios más no a los hombres; si el hombre se aparta de las leyes de Dios, ellos también se apartan del hombre (Dt. 30:17 al 20); un espíritu de Dios no puede vivir dentro de una persona que no guarda la Ley de Dios, pues si lo ratifica, el tal es mentiroso (1 Jn. 2:4).

Gracia en la sociedad significa: Perdón o indulto de una pena que ha sido concedido por quién tiene la autoridad para hacerlo; indulto a una pena de muerte, eliminación de un impuesto, etc.
Gracia en las religiones significa: alcanzar la salvación por la gracia, benignidad o generosidad de Jesús; solo basta creer en Jesús para ser salvo, por su gracia.
La Gracia según Dios: es el Espíritu Santo de la promesa, que Dios da a los hombres,  para que puedan cumplir sus leyes y alcancen la vida eterna. Ezequiel 11:19,20. Y darles he un corazón, y espíritu nuevo daré en sus entrañas; y quitaré el corazón de piedra de su carne, y daréles corazón de carne; para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis juicios y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios. Zacarías 12:10. Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalem, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito. 

¿Soy salvo por creer o tener fe en Jesús?

Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada (Ga. 2:16). El Apóstol Pablo, dejó sus escritos en un lenguaje jurista, que ni siquiera los discípulos de Jesús pudieron entenderlo y menos aún podrán hacerlo hoy en día, los hombres de este tiempo: Casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos é inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos (2 Pe. 3:16).

La cita habla de dos seres, Jesucristo y Cristo; Jesucristo es Jehová Dios (Jn. 1:29. Ap. 17:14. Dt. 10:17) y si Jesucristo es Jehová Dios, entonces él es un Espíritu (Jn. 4:24). Cristo es el Hijo terrenal de Dios (Mt. 1:16. 16:16); nace y crece en medio de la gente como cualquier ser humano (Lc. 2:52. 1 Co. 15:38). El espíritu para mostrarse a los hombres necesita tomar un cuerpo físico (Jn. 1:1,14), por que el hombre no puede verlo (Jn. 14:17). Si Jesucristo o Jehová Dios mora en Cristo, entonces Cristo es Dios, porque Dios habla a los hombres por medio de este cuerpo físico (Jn. 6:27).

También manifiesta que el “hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo”; en la introducción se aclaró que la Fe viene de Dios y si la Fe es de Dios, entonces, la fe tiene que venir de Dios para que el hombre pueda ser justificado.

¿Cuáles son las obras de la Ley? ¿A qué ley se refiere?. En este mundo existen dos leyes, la Ley de Dios (espiritual) y la Ley del pecado (también es espiritual y habita en la carne del hombre, al igual que el alma, el espíritu que se deleita en la Ley de Dios). Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros (Ro. 7:22,23).

Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado (Ro. 7:25). La ley del pecado vive en el cuerpo físico de todo ser humano (Mt. 10:36. Mi. 7:6. Lc. 8:27 a 30). Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires (Ef. 6:12).

La ley espiritual (Ro. 7:14) de Dios es buena y justa (Ro. 7:12) y todo hombre que las cumpla será justificado ante Dios (Ro. 10:5); esta ley debe ser cumplida por el espíritu o el alma que vive dentro del cuerpo físico del hombre (Mt. 10:28). Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Ro. 8:2).

¿Quién es la Ley de Dios o la Ley de Cristo?. La ley de Dios es el Espíritu Santo. El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida (Jn. 6:63). ¿Una ley cualquiera, puede discernir por sí sola, conocer lo que piensan las personas de ella?. No, porque es letra muerta, empero, la Ley de Dios si puede hacerlo, porque es el Espíritu Santo, un ser espiritual vivo o un Dios. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (He. 4:12). Esta Ley es el mismo Dios o Jesucristo. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios (Jn. 1:1). Y vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que estaba sentado sobre él, era llamado Fiel y Verdadero, el cual con justicia juzga y pelea. Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS (Ap. 19:11,13). Espiritualmente, la Ley Real (Stg.2:8) es una ventana hacia el reino espiritual de Dios y por medio de ellas, Dios habla a su pueblo (2 Co. 4:4) porque ahí está él.

El alma no puede guardar la ley de Dios, porque el pecado mora en su cuerpo físico, en su carne, dentro de él (algo similar al caballo de Troya, dentro del cual viajaban decenas de guerreros, con la diferencia de que en el hombre habitan miles de espíritus de maldad) y este pecado es una fuerza de maldad superior a la mente y a la fortaleza del hombre, de tal forma que éste ni siquiera puede rebelarse contra él, porque no los ve, ni puede sentirlos, sino, se encuentra sometido y por lo tanto actúa bajo la LEY DEL PECADO, la cual conduce a la muerte. Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley (1 Co. 15:56). Para evitar la muerte del alma, Jesús manifestó: Y él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, es a saber, Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos de Dios (Mt. 19:17).

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, Envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes a éstas: de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios (Ga. 5:19 a 21). Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias (Mt. 15:19). Entonces, no ha sido como se pensaba, que los pensamientos vienen de la mente sino éstos salen del corazón, porque los espíritus de maldad son su fuerza o motor.

¿Un pensamiento puede hablar?, pues si se aprende a meditar y se observa que pasa dentro de nosotros, constataremos que la mente nunca esta quieta, habla, habla y habla, nunca esta callada, aunque quisiéramos callarla, no se calla; ¿Los pensamientos son los que hablan?, no, son las legiones de demonios que viven dentro de nosotros, no son pocos, son muchos; a estas legiones de malos espíritus se los ha identificado como problemas psicológicos mentales o defectos psicológicos del hombre, pues en realidad no lo son, son espíritus de maldad, seres vivos, hablan, comen, caminan, se transforman y adoptan cualquier forma (hombre, mujer o animal); para poderlos ver hay que creer en la Ley de Dios, memorizarla y dejarse crecer el cabello, la defensa del Israelita o creyente en Dios. Descubrióle pues todo su corazón, y díjole: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy Nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y seré debilitado, como todos los hombres (Jueces 16:17). Todo hombre con el cabello corto es débil, pues Lucifer lo domina a su antojo y hace lo que quiera con él y en él.

Por las obras de la ley del pecado o de la carne, como: robo, adulterio, fornicación, mentira, chismografía, idolatría, celos, iras, disensiones, malos miradas, las cuales Dios aborrece, nadie se salvará, sino, se salvará por la FE DE JESUCRISTO y no por la Fe en Jesucristo o por la fe del hombre en Jesús.

La Fe de Jesucristo es el Espíritu Santo de la Promesa (Ro. 10:17. Ef. 1:13), el cual Dios da a los que creen en su Hijo amado y en sus leyes; este Espíritu o ángel de Dios ingresa en el cuerpo físico para luchar contra el pecado y eliminarlo, para que el hombre se limpie de la iniquidad y guarde la ley de Dios a la perfección. Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres; y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios (Ez. 36:27,28).

Con la ayuda del Espíritu Santo de Dios, que es la Fe de Jesucristo, el hombre equilibra las fuerzas espirituales con el pecado, puede luchar y vencerlo; la lucha empieza cuando la persona ha leído o ha escuchado la Ley Real de Dios, ahí se despiertan los demonios y el hombre puede verlos, porque el Espíritu de Dios los muestra. ¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión, obró en mí por el mandamiento toda concupiscencia: porque sin la ley el pecado está muerto. Así que, yo sin la ley vivía por algún tiempo: más venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí (Ro. 7:7 a 9).

Porque yo por la ley soy muerto a la ley, para vivir a Dios (Ga. 2:19). La Ley de Dios mata a la ley del pecado, para vivir para Dios.

Porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis (Ro. 8:13).

La ley de Dios es la guía que conduce al creyente a Jesucristo. De manera que la ley nuestro ayo fue para llevarnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe (Ga. 3:24). Nadie por su propia cuenta puede llegar a Jesucristo, se necesita de la ayuda de Dios para llegar a él.

Si digo que soy salvo porque creo en Jesús y a pesar de los años de mi religiosidad, aún no he visto a Jesús ni a Dios, es porque no estoy haciendo las cosas como Dios ha ordenado, sino, estoy haciendo las leyes de los hombres. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios  (Ro. 10:3).

¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecemos la ley (Ro. 3:31). Dios da su Espíritu (fe) al hombre para que cumpla sus Leyes, por ello, aquel que tiene la Fe de Jesucristo guarda la Ley de Dios, porque la Fe obedece a Dios.

Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia (Ro. 6:14). Aquel hombre que alcance la plenitud de Jesucristo por medio del cumplimiento de la ley de Dios, ayudado por el Espíritu de la Gracia, ya no está sujeto a la ley del pecado, pues ha vencido a Lucifer y este ya no puede hacerlo pecar nuevamente.

Mas si sois guiados del Espíritu, no estáis bajo la ley (Ga. 5:18). No estamos bajo la ley del pecado, porque el Espíritu Santo es dado para guardar la ley de Dios (Ez. 11:19,20) y por lo tanto es la Ley de la Fe.  Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley (Ga. 5:22,23). La Fe nace en el hombre cuando la Fe ha llegado a él.

¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera. ¿No sabéis que a quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecerle, sois siervos de aquel a quien obedecéis o del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? (Ro. 16:15,16).

¿Dónde pues está la jactancia? Es excluída. ¿Por cuál ley? ¿de las obras? No; más por la ley de la fe. Así que, concluímos ser el hombre justificado por fe sin las obras de la ley (Ro. 3:27,28).

Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y por los profetas (Ro. 3:21). La Justicia de Dios solo viene por medio del cumplimiento de la Ley que enseñaron los Profetas del Altísimo. ¿Qué Ley o Evangelio enseñó Jesús?. Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos (Lc. 24:44). Jesús enseñó la Ley de Moisés porque el mismo (Dios) se la entregó a Moisés. ¿Qué Ley enseñó el Apóstol Pablo?. Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales declaraba y testificaba el reino de Dios, persuadiéndoles lo concerniente a Jesús, por la ley de Moisés y por los profetas, desde la mañana hasta la tarde (Hch. 28:23). La Justicia de Dios llega al hombre cuando ha muerto el pecado: Por cuanto todos pecaron y están destituíos de la gloria de Dios (Ro. 3:23). Cuando el pecado ha muerto, el hombre es libre, ha triunfado, ha alcanzado la salvación, ha alcanzado la vida eterna y nunca jamás volverá a nacer en este mundo, el cual es el infierno (Ap. 12.9). ¿La humanidad es santa o está llena de Pecado?. Sal. 51:5. Ecl. 7:20. Jn. 16:8,9.    

¿Para qué sirve la Ley de Dios? Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado (Ro. 3:20). Por medio del cumplimiento de la Ley de Dios, llegaremos a conocer al Dios Omnipotente (1 Co. 4:4. Ez. 39:29. He. 8:11); y, llegaremos a conocer al pecado, al diablo, a sus lugartenientes y a sus obras; pues si la Ley de Dios dice no robar, no se debe robar; la ley del pecado es el robo o robar; si la ley de Dios dice que se debe guardar el día sábado y no se lo guarda, entonces, estamos cometiendo pecado (Mr. 2:28. Ro. 14:6). Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley (1 Jn. 3:4).

Esta ley del pecado que mora en la carne, por medio del corazón – mente, es la que le dice al hombre religioso, así es, la ley fue abolida, por la gracia en Jesucristo ya no estamos bajo la ley de Moisés, él ofrendó su vida por nuestros pecados, solo hay que creer nomas y así despreciamos la Ley de Jesucristo, su sangre, su carne y su ofrenda (cuando las ideas vienen a la mente decimos gracias Dios, pero no vienen de Dios, sino vienen de los ángeles rebeldes o diablos); ellos también son los que inducen al hombre a adorar y a postrarse ante las imágenes, a cometer fornicación, adulterio, robar, matar, insultar, agredir, a hacer todo lo malo; LOS QUE COMETEN EL PECADO SON LAS LEGIONES DE DEMONIOS, NO EL HOMBRE, EMPERO, SI EL HOMBRE NO SE ACERCA A DIOS PARA GUARDAR SU LEY, ES CÓMPLICE DEL PECADO Y POR LO TANTO ES CONDENADO A LA MUERTE (Ro. 2:12,13).
Autor: Randon Ortiz

JEHOVÁ DIOS EN AMÉRICA DEL SUR
EZEQUIEL JONÁS SU TEMPLO

La Paz y la Gracia de nuestro Señor Ezequiel Jonás Ataucusi Molina, more en cada uno de vosotros hermanos y hermanas Israelitas.